Talante #2: Umpi desquicia, Larramendi sentencia, Boglione busca

En esta segunda edición de Talante, Dani Umpi despliega un monólogo febril sobre Ya no de Idea Vilariño, a Matías Larramendi le salen cyborgs barrocos cada vez que intenta escribir algo sobrio y Riccardo Boglione busca a un diseñador gráfico perdido en el Uruguay de los años veinte.

Elsa Carafi de Marchand en Boletín A.I.A.P.E. Por la Defensa de la Cultura, Montevideo, Nº 29, 1939
Elsa Carafi de Marchand en Boletín A.I.A.P.E., Montevideo, Nº 29, 1939 – Recogido por Riccardo Boglione en «De traje atrayente…»

Antes que nada, gracias a todas las personas que se suscribieron a nuestra newsletter tras el primer número, en el que Leo Maslíah, Cintia Bolani y Miguel Méndez derrocharon simpatía y algarabía. Este segundo número es clave porque marca para siempre la diferencia entre lo azaroso y la perseverancia, entre el brote tímido y el tallo vigoroso, entre la coma y el punto final, entre el embrión y el jubilado, entre el micrófono y la penumbra.

En este momento, en los tres pisos más altos del cuartel general de Tajante, estamos trabajando con denuedo en los dos primeros libros del año, con el ambicioso objetivo de no publicar todas nuestras novedades en diciembre.

Mientras tanto, hemos invitado a tres plumas que nos encantan a hablar de libros en esta nueva edición de Talante. En último lugar, Riccardo Boglione, que además de sus aventuras iconoclastas en Gegen Press, publicó uno de los libros más iconolátricos de los últimos años, en el que se recorre el diseño gráfico uruguayo entre 1890 y 1940; un libro verdaderamente hermoso para cuyo disfrute no es necesario saber articular la palabra isotipo. En penúltimo lugar, Matías Larramendi, cuya primera novela publicamos el año pasado (la demente Historia oficial del carnaval intergaláctico), responde nuestro cuestionario. Y en primer lugar, el gran novelista Dani Umpi interviene el poema preferido de los imanes de heladera.


Intervenciones

En esta sección tomamos un texto conocido y le pedimos a un escritor que lo altere.

Ya no, de Idea Vilariño*, por Dani Umpi

Ya no funciona como un lamento que se repite y repite. Lo bueno es que con ese poema Idea hace pie, toca tierra, retira su proyección en el amado, sale de la nube de pedos, enumera los pedazos esfumados de sus fantasías de pertenencia y… ¿y qué? Un momento de lucidez que despierta, la sacude pero no todes captan eso. No, no. Generaciones tras generaciones de lectores uruguayos, una emocionalidad desbordada bordada, llevada a canciones, marcadores de libros, recitados de memoria y más y más y no paran y no ven, eso es lo que me preocupa, que no ven la gran oportunidad de redención que ofrece este poema. ¿No? Siempre hay alguien descubriendo el ya no, conmoviéndose hasta las lágrimas con todo tipo de especulaciones amorosas y proyecciones catastróficas en lugar de prestar atención al punto y aparte. Punto final. ¡Basta! No ven el colapso como liberación, cordura, desatadura de un vínculo asfixiante. No ven un futuro liberado. ¿Por qué? Ni idea. No lo quieren ver. Se prefiere empantanarse en lágrimas. Es una opción. No digo que esté mal. El melodrama es siempre una opción. Es una estética. Decime de memoria otro poema de Idea. Decírmelo ya. ¿Te sale? ¿Por qué a éste lo sabés de memoria y a los otros no? ¿Por qué decidís hacer esa lectura? Porque te gusta llorar. ¿Ella está llorando? ¿Por qué te parece eso? A ver…. Es una elección. Podrías tener una perspectiva totalmente distinta. Aprovechar que el amado ya no tiene carga simbólica, que se ha desactivado, y agarrar para otro lado, pero no. Okey, no vamos a estar juntos. ¡Bárbaro! Tenemos una oportunidad de expansión pero, claro, nos seduce más el vínculo tóxico. ¿Por qué? Ni idea. Porque cuando dice… ¿Cómo es que dice?… ¡acá! “no criaré, tendré, no sé qué a tu hijo”. ¡A tu hijo! ¡Qué ganas de tener hijos! Ni siquiera es de ella. No se lee como una oportunidad. ¡Zafaste! ¡Te felicito! Eso no. ¡Cuidado! ¡Te van a hacer un hijo! ¡Huye! Este mensaje sería para los dos, eh. El peor temor de los pakis, que le hagan un hijo. Pasan las generaciones y sigue el mismo temor. ¡Los hijos! ¡Los hijos! ¡Qué infierno! No tengan hijos. El bombo. Bueno, otro tema. Porque, claro, ella tiene una revelación, una lucidez, una buena. La caída de la proyección. ¡¿Quién pudiera?! Pero no. La tristeza lo invade todo.  No hay que mezclar tu ropa con la de tu pareja. Pésima idea. Controlarla. Hacerle looks. ¡Eso no! ¡No lo hagan nunca! Cuidado. No te conviene. Ni de noche ni de día. Que sepa coser. Que sepa bordar. Siempre lo mismo. ¿En qué siglo estamos? ¿Qué edad tenés? ¿No te  parece que este poema tiene algo bárbaro que es no quedarse con nada al irme? Ella está libre. Ya fue. ¡Salga de ahí! La huida es siempre una solución. Corre de ahí. ¡Fuera con esa corona! Muchas coronas. La amante. La madre. La musa… ¡basta! Hay que desactivarlas a todas. Todas esas. Clausurarlas. Porque después surge una cosa, otra y otra y no te vas más. Es lo que tienen las relaciones. Son un peligro. La dejás por esa. Te mirás al espejo como nunca. No soy quién fui. ¿Por qué me voy a guiar por lo que me digan los otros si ni siquiera saben que estamos juntos? Que estuvimos, digo. No llegaré a mirar mis pasos, a dar vuelta atrás, porque el adelante es más seductor, tiene que serlo, tenés que encontrarle la vuelta para que sea. Listo. Ya está. Es una resolución. Es una orden. No hay proceso gradual, ni transición, ni negociación. ¡Se ter mi nó! ¡Se clau su ró! ¡Se ca yó! ¿Qué hay que hacer? Muy sencillo. Reorganiza el psiquismo. Si no es ahora, quedás empantanada forever. Aprovechar la oportunidad de darse cuenta. Por qué ni cómo nunca ni si era de esperar lo que yo qué sé que era… ¡Basta! Un juego de palabras. Un meollo. ¿Cuántos años tenés? ¿Quince? ¡Basta! No hay que abusar de la estética melodramática, pero, claro, como hay público, hay lectores y, una vez que hay público y lectores, hay que aprovechar, que piensen lo que quieran, que lo interpreten como quieran, pero yo te hablo a VOS. Ponele que te pase una vez. Okey. Dos veces. Bueno. Tres veces No. ¡Tres veces no! ¿Sos boluda? Tiene que llegar un momento en el que hay que parar y agarrar para otro lado. Si no, cuando querés ver, estás criando hijo y cosiendo ropa que ni siquiera son tuyos y no tendrás ni quién te críe y te las cosa a vos. Los bombos. La realidad. Las múltiples opciones, que parece ser que son muchas, infinitas. Ni qué hubiesen sido creadas para ti. Empezás  a negociar con vos misma una nueva narrativa. ¿No te gusta la idea? ¿No? ¿Por qué? Porque no sabés cómo es ni cómo hubiera sido. ¿Y quién lo sabe? Nadie. Nadie sabe. A nadie le importa tanto. Fijate. No quiero decir que seas insignificante pero, la verdad, les da igual. Hasta a tus hijos les da igual. Con eso te digo todo. Entonces tenés que aprovechar y empezar con el tema de la identidad. Te va a gustar. Nada de estar juntos, querernos … nada de eso. Otra cosa. Otro estadío. Más maduro o más infantil. No importa. Otra cosa. Estar. No estar en el pantano del dolor amoroso. No tener miedo al futuro. No depender de una expectativa. Los bombos. Hijos como rehenes. Ropas como rehenes. ¡Estamos todos locos! Ya no soy más que yo para siempre y tú ya quedaste atrás. No tengas miedo. Una piensa “¿Qué voy a hacer ahora, cuando me separe?” ¡Me lo voy a cruzar todo el tiempo! No. Nada que ver. Cuando te separás no te lo cruzás más. Muy sencillo. Es un decreto. No te lo vas a cruzar más. Cuando das por finalizado, te juro que no te lo cruzás más. Lo dijo Malena Pichot. Probá. No es para mí este tipo de relación, de vínculo. No tiene por qué haber una escena de clausura. La podés dejar por esa. Chau. Lo hace todo el mundo o, al menos, mucha gente, bastante. Es normal. Más que nada en esta zona, en esta parte, todo por acá. Se manejan así. Ya no estás sola. Le llaman ghosting. ¿Te gusta la responsabilidad afectiva? Dale, hacela. ¿Viste que no te gusta tanto? No tenés por qué ser buena. Eso es algo que te metieron en la cabeza. En un futuro la gente no va a pensar así. En un futuro lejano. Falta. Falta. Pero, ¿por qué no empezar ya? ¿Sino cuando? No sabré dónde estaré en un futuro. Vos tampoco, mi amor. ¿Con quién estás ahora? ¡No te puedo creer! No aprendés más. Bueno. De a poco. Se hace lo que se puede. Tampoco es que yo sepa todo. Ni si te ocurra volver a llamar al que te dije. No me pasó nunca algo así, como esa noche. Nunca. Pero veo mucho Tik Tok y me hago una idea. Muchas ideas. Bombos. Lo importante es que valores esta nueva identidad desdibujada, sin proyección y aproveches para dar un gran salto. No volverá a pasarte más. Decretalo. Estate tranquila con eso porque ya aprendiste. Ya está. Basta de pensar en dónde vive, con quién anda. Eso no aporta. Es la parte buena del “no futuro”. ¿Conocés eso? ¿Pero qué edad tenés? Aprovechá a informarte, a ver videos, leer… ¡hay tanto para hacer! No te quedes. Olvídate de las promesas, los bombos, ¡Basta! ¡Fuera! Hacete una limpieza. Del “ya no” al “ya está”. ¿Te gusta? ¿Viste que siempre aparece una idea mejor? Eso es lo lindo. No tiene que ver con el optimismo. Con el nihilismo tampoco. Es parecido al sentido común. Parecido. Levemente parecido. La espera es lo peor. Esperar y esperar. ¡Ay no! ¡Basta! ¿Hasta cuándo? Ahora hay que tener otro dinamismo sino te pasan por arriba. Te hundís. Es un tiempo sin promesa, sin espera, todo para mejor. Te deseo lo mejor. No te veré hasta fin de año. Cualquier cosa me llamás. Si la próxima vez que te vea seguís en ese estado, te mato. Haceme el favor. Beso. ¡Ah! Y ya que estás, leete otro poema de Idea. Tiene unos buenísimos. El de la cretona que ríe y llora. ¿Lo conocés? Es divino ese, toda esa época de ella, toda esa parte. Te va a encantar. Bueno, chau.

*El texto original puede leerse aquí.


Entre el libro y la pared


Interrogatorio a Matías Larramendi, autor de Historia oficial del carnaval intergaláctico

Historial oficial del carnaval intergaláctico - Portada por Joaquin Rodriguez Frau


¿Sobre qué te gustaría escribir pero probablemente nunca lo hagas?
→ Me gustaría escribir un cuento realista y sobrio, sin excesos retóricos, pero cada vez que lo intento me salen cyborgs barrocos.


¿Qué consejo literario famoso te parece una taradez?
→ Ser honesto con vos mismo, como si el lenguaje fuera transparente, como si uno pudiera dar con un núcleo de verdad personal a través de las palabras.


¿Sentís que abusás de algún recurso literario?
→ Los cyborgs barrocos como tropo compulsivo.

Un libro para rescatar del olvido.
→ No sé si está en el olvido, pero Ur, de Leandro Delgado, merece otro lugar. Por otro lado, y si bien fue muy reconocido en Uruguay, Mil de fiebre, de Juan Andrés Ferreira, merece traducciones, congresos, presencia interplanetaria.


Un clásico olvidable.
→ Montevideanos, de Mario Benedetti, que leí por la mitad.


¿Qué libro mentiste haber leído?
→ Montevideanos, de Mario Benedetti, que me costó un horror terminar.

¿Qué libro te hubiese gustado haber escrito y por qué?
→ Alguno para llenarme de guita y, después, delirarme con escribir libros que nadie compra (y también la guita).

Libros a los que siempre volvés.
→ No soy de releer libros de ficción, salvo por laburo; pero, como buen gordo nerd, al que sí vuelvo es al Señor de los Anillos.

Tres adjetivos de tu agrado.
→ Con dos estoy: gordo y nerd.

Tres adjetivos que te den vergüenza ajena.
→ Con esta sí voy con tres: resiliente, ecléctico, espiritual.

¿Qué palabra te gustaría que dejase de existir?
→ Ninguna, sobre todo las que me gusta odiar.


¿Para qué concepto se debería inventar una palabra y cuál podría ser?
→ Cintia Bolani dejó la vara demasiado alta con “sonambulorinar”. Creo que debe de existir un equivalente en alemán. Habría que ver…


Un libro que debería estar en el catálogo de Tajante.
→ Piedad para los idiotas, del escritor húngaro Sándor Szavost.


Detrás del libro

Hoy: Riccardo Boglione

Anónimo para Mundo Uruguayo, Montevideo, n.º 368, 28 de enero de 1926
Anónimo para Mundo Uruguayo, Montevideo, n.º 368, 28 de enero de 1926.

Está por doquier, capcioso: envolviendo las golosinas que se comen (a escondidas o no), en las señales de tráfico que nos habilitan y deshabilitan diariamente a circular, en la calle bajo forma de carteles publicitarios mandones, en la ropa mediante logos o isologos grises o glamorosos, en la tremenda trama de la web, en nuestras esclavistas pantallitas de bolsillo: es el diseño gráfico. Y está, huelga decirlo, en todos los impresos “analógicos”. Influye, empapado de Weltanschauungen e ideologías, entonces, crucialmente, sobre cómo miramos, leemos y pensamos la realidad que nos rodea y marea.

En De traje atrayente: diseño gráfico uruguayo y modernidad en libros y revistas (1890-1940) escribí su historia a través de una de sus manifestaciones más gloriosas: los libros y las revistas de aquellas décadas donde la disciplina nace y explota en todo su potencial, tanto por avances tecnológicos como para saciar el hambre de modernidad que pasaba el país.

Con la idea de que fue el diseño gráfico el mayor vehículo de soluciones formales vanguardistas en Uruguay, acumulé material durante casi 15 años: un deleite de sorpresas halladas en bibliotecas, librerías de viejo, ferias, remates o gracias a la obsesiva complicidad de amigos y coleccionistas. Queda, espero, un digno repertorio de qué fue y significó, y el rescate de figuras que agarré del pelo para que no se hundieran, definitivamente, en el lodazal del olvido. Pero una se me escapó: un tal Héctor Fernández y González, del que solo recuperé migas de datos, pese a que, durante un buen lustro -aproximadamente 1927-1932–, trabajó muchísimo en el rubro, liderándolo (perdonen el deprimente verbo, hoy muy tristemente en boga).

Más que una anécdota, harto pobre en verdad, este es un llamado: ¡quien sepa algo de él, que hable!

→ Leé más sobre De traje atrayente:


Antes de irnos, la semana pasada Marcos Morón escribió sobre el libro de Cintia Bolani. Se puede leer por acá. Ahora sí, hasta el mes que viene, con novedades efervescentes sobre nuestros primeros libros del año.


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