En esta nueva edición de Talante, Milagros Lagarejo cambia un sí por un yo al comienzo de La hora de la estrella de Clarice Lispector; Micaela Domínguez Prost intenta borrar una de sus propias respuestas; y Erika del Pino y Martín Batallés dejan un libro-acordeón a merced de los pececitos de plata.

Hola de nuevo. Estamos muy contentos porque acabamos de enviar a imprenta el primer libro del año: La selección de los valientes, escrito por Lucas Zalduendo e ilustrado por Tacho. En breve te iremos atomizando al respecto. Según la calificada opinión de Pedro Saborido:
“Estas páginas nos recuerdan que el fútbol es un hecho social ineludible y que la pelota, desde sus orígenes, ha servido también como motor de emancipación. Hoy, como siempre, su poder sigue siendo un campo de juego en disputa.”
Mientras tanto, te presentamos una nueva edición de nuestra newsletter.
En último lugar, Erika del Pino cuenta cómo nació el libro-acordeón con el que Curiosa Naturalia, el proyecto que comparte con Martín Batallés, cruza archivo, ilustración y cita literaria alrededor de la memoria y los muertos. Pero antes, Micaela Domínguez Prost, cuyo libro La mano de Diego arrancó lágrimas por doquier en 2021, responde nuestro cuestionario con desparpajo. Y, en primer lugar, Milagros Lagarejo (ganadora del Oscar 2022 en la categoría mejor título de libro, y editora y diseñadora del sello Dana Scully) interviene el comienzo de La hora de la estrella, de Clarice Lispector.
Intervenciones
La hora de la estrella, de Clarice Lispector*, por Milagros Lagarejo.
Todo en el mundo comenzó con un yo. Una molécula le dijo yo yo yo a otra molécula y nació el poder, el solo, el primero. Pero antes de la prehistoria estaba la prehistoria de la prehistoria y existía el poder y existía el yo. Siempre lo hubo. No sé cómo, pero sé que el universo jamás fue nosotras.
Que nadie se engañe, sólo consigo la simplicidad a través de mucho olvido.
Mientras tenga respuestas y no haya preguntas continuaré escribiendo. ¿Cómo comenzar por el origen si las cosas suceden antes de suceder? ¿Si antes de la pre-pre-prehistoria ya estaban los dueños apocalípticos? Si esta historia no existe, pasará a existir. Pensar es un lujo. Sentir es una pesadilla. Los dos juntos —soy yo que escribo lo que estoy escribiendo. Dios es un teléfono descompuesto. La verdad siempre es un contacto difícil y evitable. Mi vida más verdadera es descartable, extremadamente interior y no tiene una sola palabra que pueda consolarla. Mi corazón se vació de todo contacto reduciéndose al primer y último alarido. El dolor de existir que atraviesa esta historia me dio en la garganta una punzada profunda. Entonces canto alto y agudo una melodía sincopada y estridente: es mi propio gruñido, yo que cargo con el mundo y la felicidad escasea.
¿Felicidad? Nunca vi palabra más demente, inventada por los ricos y repetida por los tontos que andan por ahí a montones.
* Traducción de Gonzalo Aguilar
Todo en el mundo comenzó con un sí. Una molécula le dijo sí a otra molécula y nació la vida. Pero antes de la prehistoria estaba la prehistoria de la prehistoria y existía el nunca y existía el sí. Siempre lo hubo. No sé cómo, pero sé que el universo jamás comenzó.
Que nadie se engañe, sólo consigo la simplicidad a través de mucho trabajo.
Mientras tenga preguntas y no haya respuestas continuaré escribiendo. ¿Cómo comenzar por el principio si las cosas suceden antes de suceder? ¿Si antes de la pre-pre-prehistoria ya estaban los monstruos apocalípticos? Si esta historia no existe, pasará a existir. Pensar es un acto. Sentir es un hecho. Los dos juntos —soy yo que escribo lo que estoy escribiendo. Dios es el mundo. La verdad siempre es un contacto interior e inexplicable. Mi vida más verdadera es irreconocible, extremadamente interior y no tiene una sola palabra que pueda significarla. Mi corazón se vació de todo deseo reduciéndose al primer y último latido. El dolor de muelas que atraviesa esta historia me dio en la boca una punzada profunda. Entonces canto alto y agudo una melodía sincopada y estridente: es mi propio dolor, yo que cargo con el mundo y la felicidad escasea.
¿Felicidad? Nunca vi palabra más demente, inventada por las nordestinas que andan por ahí a montones.
Entre el libro y la pared
Interrogatorio a Micaela Domínguez Prost, autora de La mano de Diego.

¿Sobre qué te gustaría escribir pero probablemente nunca lo hagas?
→ Teniendo en cuenta que casi no miro fútbol y escribí un libro que tiene que ver con Maradona, no me atrevería a afirmar que no escribiré nunca sobre algún tema.
¿Qué consejo literario famoso te parece una taradez?
→ Que hay que evitar los adverbios. Y, en general, me caen medio mal todos los consejos que son dados desde el privilegio, tipo «tenés que escribir algo todos los días».
¿Sentís que abusás de algún recurso literario?
→ Me pasa muy seguido que me dicen que cuando están leyendo textos míos «escuchan mi voz». Supongo que me quieren compartir algo lindo, pero me hace pensar que no hay diferencias entre mi expresión oral y mi escritura. Así que siento que abuso de la falta de recursos literarios.
Un libro para rescatar del olvido.
→ El último mago o Bilembambudín de Elsa Bornemann. Fue uno de mis libros preferidos de la infancia, me fascinaba, pero no es el que más se recuerda de ella. No lo he vuelto a leer, capaz que no está tan bueno. Ni lo volvería a leer, porque no sé cómo me tomaría el hecho de descubrir que capaz que no está tan bueno.
Un clásico olvidable.
→ Estuve largo rato pensando esto y concluí que el libro debe ser tan olvidable que directamente me olvidé de su existencia, por más clásico que sea.
¿Qué libro mentiste haber leído?
→ Más allá de alguna situación aburrida escolar de responder un «sí» dudoso cuando la maestra preguntaba si habíamos leído lo que teníamos que leer para hoy, no recuerdo haber mentido. Así que porfa eliminen esta pregunta y respuesta porque ya vengo de un «no sé», y dos «no sé» seguidos me hacen quedar horrible. Qué va a pensar la gente.
¿Qué libro te hubiese gustado haber escrito y por qué?
→ Las sirenas de Titán de Vonnegut. Porque es una maravilla.
Libros a los que siempre volvés.
→ A Las sirenas de Titán. Qué librazo, eh. Y vuelvo, sobre todo, a libros más de teoría. De cine y esas cosas. Antes sí volvía más a la ficción. De niña o adolescente releía lo que me había llegado mucho, como cuentos de Isaac Asimov, Ema Wolf o Raymond Carver. Ya no. Tal vez debería hacerlo, a ver si incorporo de una vez esos recursos literarios.
Tres adjetivos de tu agrado.
→ Creo que me gustan, como a mucha gente, los que suenan parecido a lo que representan. Como «áspero», «leve» o «estrepitoso».
Tres adjetivos que te den vergüenza ajena.
→ No se me ocurre qué me da vergüenza ajena, pero me pone de mal humor cuando alguien usa el «querida/o» para bardear (ej, «mirá, querida, te explico de nuevo porque no me estás entendiendo»). Y otros casos en los que los adjetivos se usan «mal», como «este regalo es demasiado hermoso» o adjetivar con «porteño» a cualquier cosa argentina*.
¿Qué palabra te gustaría que dejase de existir?
→ Alguna de las variantes para «blanco» que tienen los esquimales. Se pasan.
¿Para qué concepto se debería inventar una palabra y cuál podría ser?
→ Yo invento seguido palabras, el tema es que nadie las usa. Por ejemplo, hace unos años inventé «ODDA». Es un acrónimo que significa «obligación de decir algo» en redes sociales cuando ves que todos tus contactos publican sobre el «tema del momento». Me parecía muy útil, pero ¿Ustedes escucharon a alguien alguna vez en la vida decir «Twitter me genera ODDA?» Sin embargo, hay mucha gente que me cuenta que le dice «mierdecillas» a los confites y cosas dulces que se comen en las fiestas porque lo copiaron de mí. Así está el mundo.
Un libro que debería estar en el catálogo de Tajante.
→ La mano de Messi. Mentira. Y luego de responder me di cuenta de que es un chiste que entiendo solamente yo, porque poca gente sabe que me hicieron la misma pregunta tantas veces. Pero como escribo del mismo modo que hablo, no lo puedo borrar.
* Micaela es de Bahía Blanca.
Detrás del libro
Hoy: Erika del Pino, coautora de Curiosa Naturalia junto a Martín Batallés.

A Curiosa Naturalia le gustan mucho las cosas de la muerte. Hay una belleza especial en lo que tiene que ver con el recuerdo, con lo que ya no está, con los fantasmas que dejan los escritos de los muertos. Este primer tomo es, antes que nada, un intento por mantener vivas algunas de esas memorias.
Lo que hacemos en el proyecto es básicamente revolver archivo: rescatar, reunir, sacar para afuera, revisar. Lo que aparece ya es maravilloso en sí, y, honestamente, lo mejor que podemos hacer es mostrarlo. En ocasiones son cosas escondidas, que hoy nadie está mirando. La pregunta es: ¿cómo hacerlo para que vuelvan a ser vistas?



El libro no es ambicioso ni costoso. Es un libro objeto, una memoria evocativa del proyecto. El formato acordeón apareció enseguida: era práctico, sin costuras, y habilitaba que las páginas funcionaran como un escaparate, una vitrina por la que se va pasando la mirada. También permitía algo que nos importaba: este es un libro que puede ser leído incluso sin saber leer. Las composiciones se seleccionaron entre muchísimo registro que tenemos. Las ilustraciones naturalistas y especulativas las hicimos a partir de grabados de ilustración naturalista de dominio público y otros encontrados en libros del siglo XIX. La tapa es un dibujo de Martín.
Los textos no son nuestros. Son citas, voces de otros con los que resonamos (en este tomo todas de gente muerta). Casi todas vienen de libros, salvo la de Carlos Torres de la Llosa, que es la transcripción de una nota escrita a máquina entre los años 30 y 40, parte de un discurso suyo contra la cacería en Uruguay. Era importante dejarla impresa: hasta donde sabemos, nunca había estado en otro soporte que no fuera su propia hoja y tiene un efusivo sentimiento en contra de esa práctica.

El libro también es una memoria para redescubrir el Museo Torres de la Llosa y la Biblioteca Central de Secundaria, dos lugares cautivadores que conviven en el mismo edificio. Un museo de historia natural donde la ficción atraviesa prácticamente todo el espacio, y una biblioteca como territorio del pensamiento y del cruce de cuestionamientos. Las dos instituciones juntas tienen una magia impactante. Dejamos un libro ahí, en la biblioteca del museo, para que suceda. No sé cuánto va a durar; no lo que dura un libro del siglo XIX, pero capaz que en cincuenta años (100 con muchísima ilusión), aunque los pececitos de plata lo hayan masticado, todavía se pueda leer algo del desplegable.
- Web de Curiosa Naturalia
- Geografía del asombro: la muestra Curiosa Naturalia, por Julia Peraza en la diaria.
Eso es todo por hoy. Si seguís con ganas de leer una newsletter, te recomendamos la entrega más reciente de Peregrino, de Editorial Forastera, con la participación estelar de Vincenzo Latronico y Lucía Bonilla.
